OPINION SALVADOREÑOS

Vía Libre para culpar a la Sala

Por José Manuel Ortiz Benítez*

 

Un domingo a mediodía, hace ya 6 años, llegué a la terminal de Oriente de San Salvador con una mochila negra y un periódico bajo el brazo procedente de San Miguel. Le pedí a alguien que si podía venir a recogerme y gentilmente me dijo que tenía “otros compromisos.” Tenía que llegar hasta la Colonia Escalón, una zona todavía reservada para gente adinerada en San Salvador.

  Desde la terminal, caminé unos metros hasta el Reloj de las Flores y ahí tomé el bus público de la ruta 52. El conductor condujo aquel animal como un tiburón loco, deslizándose por la fuerza contra todos los demás, con un zumbido que espantaba. En 45 minutos, estaba en El Salvador del Mundo, el punto cero de la capital que define la frontera entre el bien y el mal. Desde ahí, caminé hasta el otro punto emblemático de la ciudad, el Redondel Masferrer, donde un ex presidente estrelló un Ferrari y casi avanza la presidencia de Sánchez Cerén 4 semanas antes de su elección.

En aquel trayecto, mitad en bus y mitad a pata, hice una infinita colección de imágenes y sonidos de la gente, del tráfico, de las calles y las fachadas que tan nítidamente describen el carácter de esta ciudad.

“No se le ocurra montarse en esos buses, licenciado” me advirtió en aquella ocasión una colega de trabajo llamada, Osiris, como la diosa del Egipto antiguo que advertía a los egipcios de los peligros inminentes relacionados con el submundo y la muerte.

Mi madre, tampoco se quedó corta en su advertencia. “Te pueden acuchillar por esa mochila y esa cámara” me dijo, convencida del peligro. No hice el más mínimo caso a ninguna.

Ese día, no me encontré con ningún peligro en el trayecto de lo que ahora es una de las rutas fuertes del SITRAMSS, excepto el caos vehicular y el impacto visual del movimiento natural de la ciudad. Hice ese trayecto muchas veces y le agarré un poco de confianza a la ciudad.

Seis meses después, ya había sido víctima de dos robos. La mitad de mi vida en sonidos e imágenes se había ido en el robo. Una pérdida que todavía me sofoca.

El problema del transporte público en El Salvador es de una complejidad que va mucho más allá de espacios, infraestructuras, fuerzas del orden o niveles de inversión.

 

¿CÓMO SE ALIVIA UN PROBLEMA DE SEGURIDAD, SOBRESATURACIÓN Y DE COMPORTAMIENTO EN EL TRÁFICO DE SAN SALVADOR?

Mi estimado tocayo Don Manuel dice, que, como ya no cabemos todos en la calle, es necesario racionalizar las unidades que componen el flujo vehicular. “Por ejemplo, matriculas pares: lunes y miércoles; matriculas impares: martes y jueves. Puede ser también por franjas horarias. Receta mexicana, no hay de otra” resume Don Manuel.

“A mi taza de café, sólo le caben 300 mililitros de líquido, si le meto medio litro, 200 mililitros se van a derramar por el suelo,” continúa, mientras se toma el líquido del mismo objeto que ha usado de ejemplo.

“Sobre el comportamiento de los conductores, poco o nada se puede hacer, puesto que ese problema ya es parte que quienes somos, lo llevamos en la sangre, en nuestros genes,” sostiene el honorable tocayo.

La vía del SITRAMSS queda libre para el público por medida cautelar de la Sala de lo Constitucional.

Los entendidos dicen que el SITRAMSS es bueno, pero que la calle no se puede concesionar por una instancia del gobierno, sin el aval de la Asamblea Legislativa. No es que los diputados sean más listos que los del MOP, sino que se debe cumplir con la Constitución, dicen. La infraestructura ya está hecha, quizás la Asamblea pueda dar un aval tardío a la concesión. De todas formas, la Asamblea tiene por costumbre hacer las cosas tarde.  Véase la concesión del puerto de La Unión, 9 años, $192 millones devorados por la sal y el moho.

Sea como fuera, el problema de congestionamiento y seguridad van a empeorar y la gente rápidamente buscará a un sujeto a quien culpar.  La vía queda libre para culpar a la SALA.

 

(*José Manuel Ortiz Benítez es columnista salvadoreño en la ciudad de Washington, DC. Twitter: @jjmmortiz)

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