EL EVANGELIO EN MARCHA

El engaño mortal de los deseos materiales

Por: Sheila Dougal*

 

Los estudios bíblicos por lo común nos exponen. Recientemente, mientras estaba sentada durante un estudio bíblico, la líder preguntó al grupo acerca de cómo cada una escuchaba la voz de Jesús y cómo le seguíamos, de la manera que Él lo indica en Juan 10:27: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen”

Una mujer sentada a mi lado dijo que medía la voz de Dios en las muchas bendiciones de su vida: una casa nueva comprada sin dificultad y una casa vieja vendida sin estrés; ahora ella estaba disfrutando la vida en su casa soñada en el cálido y seco clima de sus sueños. Y todo gracias a un evento para nada doloroso.

  Ella dio pruebas de lo bien que su vida avanzaba, como piezas de dominó cayendo perfectamente en orden. Mientras estaba sentada allí escuchando, no pude evitar sentirme preocupada. Sabía que no pocas mujeres a nuestro alrededor estaban siguiendo a Cristo a través de matrimonios con problemas, batallas con el cáncer o el dolor de perder embarazos. Algunas enfrentaban el zumbido de incesantes dificultades financieras, exactamente lo opuesto a cómo algunos de nosotros definimos la bendición de Dios en nuestras vidas.

Sin embargo, quienes estamos luchando podemos escuchar la voz de Jesús con desesperación y anhelo. Podemos desear seguirlo tanto (quizás más) que aquellos que son bendecidos materialmente.

 

EL ENGAÑO DE LAS BENDICIONES

Una sonrisa y una Biblia abierta pueden lastimar aún más una herida cuando medimos la bendición de Dios con la prosperidad material. El efecto es algo que he escuchado expresado por muchos y que he visto dramatizado en películas “cristianas”: puedes saber que eres bendecido por Dios cuando todo te sale bien.

Tan sólo confía en Dios cuando hagas A+B, y mientras tengas suficiente fe, entonces deberías recibir siempre C, es decir, la vida que siempre has deseado. Es una fórmula simple para una vida “bendecida”, con Jesús en ella.

Pero poseer una casa linda con una cocina espaciosa, conducir un auto brillante sin abolladuras, disfrutar de la abundancia financiera y las circunstancias tranquilas, no son evidencias confiables de la bendición de Dios en esta era. La fórmula podrá parecer atractiva en una película, pero esto contradice tanto a la Biblia como a la experiencia de la vida real de muchos santos luchadores, quienes son fieles en los desafíos, inseguridades y dolores de la vida cotidiana.

 

ECUACIÓN MORTAL

Mientras pensaba en lo que esa amable dama había dicho acerca de lo bendecida que era, Jesús me habló a través de Su Palabra:

“Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos”, Mateo 5:45.

Lo que la dama a mi lado dijo es verdad en un sentido, ella es bendecida por Dios.

Pero también lo es el avaro codicioso, que se sienta en su apartamento de lujo con la riqueza que obtuvo a través de un duro abuso de poder. Tanto la buena dama junto a mí como el opresivo tirano del mal son bendecidos con comodidades y provisiones, sol y lluvia, casas y aire acondicionado cada día. Dios es soberano, irradia bondad y derrama bendiciones inmerecidas de todo tipo cada día. Él bendice a todos con su bondad común.

La fórmula bendición de Dios = vida de confort es una receta mortal. Y tampoco es un tema aislado. Desafortunadamente, esta ecuación parece estar arraigada dentro del cristianismo americano, siendo parte integral del evangelio de la prosperidad que falsos maestros desde esta nación exportan al mundo entero. Y cuando no tengo cuidado, la viga que es el evangelio de prosperidad sobresale de mi propio ojo.

 

HERIDOS Y BENDECIDOS

La gracia común de Dios nos alcanza a todos, pero es necesaria la gracia salvadora para acercarnos a Jesús cuando el matrimonio es difícil, cuando una mujer (mi amiga) pierde sus embarazos o cuando a un joven misionero se le informa que tiene cáncer en etapa terminal.

La Biblia no ofrece una fórmula, pero nos muestra un Salvador maltratado, aplastado, golpeado, herido y ensangrentado. Y la bendición especial de la presencia de Dios está con aquellos que caminan en sufrimiento, el mismo camino que transitó Jesús. Él está presente en la vía del dolor, la prueba y la angustia.

 

DIOS ESTUVO PRESENTE EN EL DOLOR DE JOSÉ:

“Entonces el amo de José lo tomó y lo echó en la cárcel, en el lugar donde se encerraba a los presos del rey; y allí permaneció en la cárcel. Mas el SEÑOR estaba con José y le extendió su misericordia, y le concedió gracia ante los ojos del jefe de la cárcel”. (Gen 39:20-21)

 

DIOS ESTUVO PRESENTE EN LA OSCURIDAD DE DAVID:

“Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento. Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”. (Sal 23:4-5)

Dios está presente con nosotros un nuestro sufrimiento actual:

“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo; antes bien, en la medida en que compartís los padecimientos de Cristo, regocijaos, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, por ellos Él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado”. (1 Pe. 4:12-14)

Así que, con la ayuda de Dios, quito mi viga egocéntrica del sueño americano y su impulso pecaminoso de querer a un dios que me hace el centro y no Él. Mi viga debe salir primero.

Y con la ayuda de Dios, descarto la mentira de que encontramos la bendición de Dios en circunstancias fáciles, en salud o en prosperidad financiera.

Y con la ayuda de Dios, me mantendré en el camino, sosteniéndome firmemente a la mano de mi Buen Pastor. (Puedes seguir a Sheila Dougal, en su blog, A Woman Found)

 

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