Orando para que vuelvan a casa

September 4, 2017

EL EVANGELIO EN MARCHA

Orando para que vuelvan a casa

Por: Sarah Walton*

 

TRES ORACIONES POR LOS HIJOS PRÓDIGOS

Una vez, yo fui esa hija pródiga: perdida, airada y luchando por hallar mi identidad. Endurecida por fuera, pero profundamente herida por dentro. El dolor a causa de mis elecciones no sólo estaba destrozándome, sino que estaba causando dolor en nuestra familia y rompiendo mis relaciones con quienes más me amaban.

Por la gracia de Dios, mis padres jamás se dieron por vencidos conmigo, a pesar de lo tentador que debe haber sido en ocasiones. En lugar de ello, le confiaron mi vida a Dios, oraron por mi quebrantamiento y batallaron por mí en oraciones a las que Dios, finalmente, respondió.

Padres, si están educando a un hijo o una hija aparentemente endurecido o rebelde (sea por fuera o por dentro), los desafío a levantar sus brazos, a pelear esta batalla espiritual que se agudiza sobre ellos con toda la fortaleza que el Señor les da y a no darse por vencidos en medio de las dificultades que se presentan.

 

LOS ANIMO A ORAR ESTAS TRES PETICIONES POR SUS HIJOS PERDIDOS:

 

  1. Oren por un corazón quebrantado,cueste lo que cueste. 

Nada hay más increíblemente difícil que orar por cualquier cosa que no sea una vida cómoda, exitosa y libre de sufrimientos para nuestros hijos. Pero como padres cristianos, el mayor bien eterno por el que podemos orar para nuestros hijos es su salvación, aun por encima de su felicidad o comodidades terrenales. Tenemos que luchar por ellos en este mundo repleto de placeres temporales, autosatisfacción y de límites confusos — confiándole sus vidas a nuestro Señor— aun si la senda hacia la salvación llega por medio del dolor.

Estoy eternamente agradecida de que mis padres me amaron lo suficiente como para orar por mi quebrantamiento, un quebrantamiento que me llevó a sanarme. Y mi proceso hacia el quebrantamiento casi termina con mi vida.

Después de una pérdida devastadora de identidad como atleta y de un abuso oculto por parte de mis compañeros, mi vida giró de manera descontrolada. Buscaba identidad y propósito en cualquier cosa, menos en Jesús. Mientras este patrón autodestructivo me hundía cada vez más en la desesperación, anhelaba escapar de este mundo, aterrizando finalmente bajo la protección de un hospital.

En aquella blanca habitación de hospital, la opción que tenía ante mí era clara: ser aplastada por el peso de mi pecado o dejar las piezas rotas de mi vida a Sus pies. Por Su gracia, Él me llevó a mis rodillas y, a partir de entonces, ha estado redimiendo todas aquellas piezas rotas.

Sólo seremos lo suficientemente valientes para orar por quebrantamiento para nuestros hijos cuando nos hayamos quebrantado delante de Dios y hayamos confiado en Su amor para con nuestros hijos y nosotros. Sólo cuando le hayamos rendido por completo nuestros hijos a Él, podremos orar: “Padre, usa lo que debes usar para salvar a mi hijo de una eternidad lejos de Ti, cueste lo que cueste”.

 

  1. OREN CONTRA LA OBRA DEL ENEMIGO Y SU DESEO DE DESTRUIRLOS. 

Se está librando una batalla sobre las vidas de nuestros hijos. Tenemos que luchar por ellos, especialmente cuando su ceguera les impide luchar por sí mismos.

Recuerdo que mi mamá me contó que una vez yo estaba parada en la cocina con ella, airada contra el mundo y desquitándomela con ella. Ella me miró y dijo con firmeza: “Estoy luchando por ti, ¡y no dejaré que Satanás tenga victoria sobre tu vida!”. Después de que ella dijera estas palabras, caí al suelo y rompí en llanto.

Aunque no tenemos una garantía de la salvación de nuestros hijos ni del resultado que deseamos, podemos tener la confianza de que Dios es fiel a Sus promesas y oye nuestras oraciones. Una de las mayores armas que Dios ha dado a los padres para luchar por sus hijos en contra de las tentaciones del mundo y las maquinaciones del enemigo es orar como lo hizo Cristo por Pedro: “Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos” (Lc. 22:31–32).

Aunque Pedro sí era un creyente y los hijos por quienes oramos puede que todavía no lo sean, aún podemos rogarle a Dios que Él rescate a nuestros hijos del poder de Satanás, que les conceda fe en Cristo y use sus vidas para el avance del evangelio y para fortalecer a otros creyentes.

 

  1. OREN UTILIZANDO UN PASAJE ESPECÍFICO DE LAS ESCRITURAS SOBRE SUS VIDAS.

Aun cuando sus hijos no quieran tener nada que ver con la verdad y odien oír la Palabra de Dios, no pueden impedir que ustedes oren utilizando las Escrituras por ellos. Esta es otra arma poderosa que Dios ha dado a los padres.

Mis padres oraban utilizando Salmos 18:16–19 sobre mi vida y lo hacían a menudo: “Extendió la mano desde lo alto y me tomó; me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo,
y de los que me aborrecían, pues eran más fuertes que yo. Se enfrentaron a mí el día de mi infortunio, mas el Señor fue mi sostén. También me sacó a un lugar espacioso;
me rescató, porque se complació en mí”.

En verdad me sorprende mirar hacia atrás y ver la fidelidad de Dios al responder esta oración. Me estaba hundiendo en la autodestrucción, el abuso de otros, la rebeldía y en aflicciones tan profundas de entender en aquel momento. Dios, en Su misericordia, me sacó de tantas aguas profundas y me rescató de mi propia carne y del deseo de Satanás de retenerme.

Mientras permanecía sentada en una habitación de hospital, sin querer ya vivir, Dios me rescató, me trajo a un lugar espacioso y me mostró que se complacía en mí (a pesar de mi indignidad). Él ha seguido siendo fiel a este pedido de oración, sacándome de muchas aguas profundas y guiándome a través de muchos días oscuros.

Padres, sin importar cuán lejos parezcan estar sus hijos de Jesús o cuál sea la senda por donde transitan, pueden luchar por sus vidas con el arma poderosa de la Palabra de Dios.

 

EL PODER DE UN PADRE QUE ORA 

La verdad es que, a pesar de que tenemos que enseñar y entrenar a nuestros hijos y ponerles límites, no tenemos el control de sus corazones. En última instancia, solo Dios puede llenar sus corazones de amor por Cristo y abrir sus ojos para ver la belleza y la gloria de quien es Él.

Estoy aprendiendo esto a un nuevo nivel y desde una perspectiva diferente ya que me encuentro frente a las mismas luchas con mis propios hijos, que a menudo me tientan a caer en la desesperación. Pero no estamos desamparados; hay desesperanza para nosotros. Sean nuestros hijos grandes o pequeños, tengan corazones blandos o duros como piedra, tenemos el poder de la oración, la Palabra viva de Dios y un Dios soberano en quien podemos confiar.

A nuestro Padre Celestial le encanta tomar las vidas aparentemente sin esperanza, como lo fue alguna vez la mía, y mostrarse misericordioso y poderoso. Denle a sus hijos el don de la oración, y confíen que Dios usará la vida de él o ella para Sus buenos propósitos: hacer crecer y transformar las vidas de ustedes en el proceso. (*Sarah es una blogger en setapart.net y es co-autora del libro “Hope When It Hurts”.)

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