EL EVANGELIO EN MARCHA

El Padre de toda consolación

Por: Rev. Julio Ruiz, Pastor

MENSAJES ACERCA DE 2 CORINTIOS, LA GRACIA CONOCIDA: SIENDO RICO SE HIZO POBRE

 

INTRODUCCIÓN: El mundo pareciera tener más razones para vivir desconsolado que para vivir contento. Cuántas pérdidas materiales y vidas se han cobrado estos últimos huracanes y terremotos. Qué decir del atentado de esta semana en las Vegas, California que dejó unos 59 muertos y más de 500 heridos. Y qué del sufrimiento en general del día a día. Piense en sus luchas cotidianas;  las que tienen que ver los pecados, el saber que hay familias nuestras que no son salvas,  las cuentas que no se pueden pagar, lo  difícil que se hace la escuela y el trabajo. Qué decir de la salud que nos está fallando cada vez que nos ponemos más viejos. Cuánto desánimo viene por nuestros seres que están en condiciones de enorme estrechez económica o en constante peligro de muerte, y la lista seguiría muy larga. El desánimo es un ladrón. Te roba tu vitalidad, tu celo, tu alegría y  tu paz. Y la mala noticia es que si ese  desaliento permanece largo tiempo contigo, contagiarás muy  pronto a otros y ellos  se unirán a ti. Cuánto  desánimo se da en  la familia al ver a una esposa desanimada o a un esposo desanimado. ¿Sabe usted cuánto daño le hace a los hijos el desánimo? Los sinónimos del desánimo son la fatiga, desesperación, autocompasión, depresión, duda y amargura. El desaliento llega hasta cobrar sus víctimas,  pues no será el primero que piensa una y otra vez en atentar con su propia vida frente a una insoportable depresión.  Bueno mis amados frente a este cuadro desolador lo que necesitamos  es esperanza y paz y el conocimiento de que el Señor está totalmente involucrado con lo que padecemos; que no le es indiferente nuestra dolor, nuestra pena y nuestras desgracias.  Nada nos produce mayor confianza que saber que nuestro Dios es el Padre de toda consolación. Ese será nuestro tema hoy.

 

LA CONSOLACIÓN TIENE UN ORIGEN DIVINO

  1. El Padre de misericordia v. 3. Esto significa que él es el autor de la misericordia y fuera de él no existe esta palabra. En griego la palabra misericordia es “oiktirmos”. Significa compasión, piedad, pesar y hasta sentir dolor por la pena ajena. ¿Y no es esto lo que siente el corazón de Dios hacia cada ser humano? Cuando Dios creó al hombre y este se degeneró por su pecado, dice la Biblia que a Dios le dolió en su corazón haberlo creado. Pero por otro lado, y en virtud del sufrimiento que el hombre continuamente tiene a causa del pecado, también le duele su corazón. En la miseria del hombre, Dios le abre su corazón y lo primero que encuentra es su misericordia. Él no es un Dios que desea la muerte de sus hijos.  La expresión más grande de su misericordia se ha visto en las palabras del Salmo 86:5 que dicen:  ” Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan”. El mundo podrá cuestionar a Dios por la forma cómo la maldad pareciera ganarle terreno a todo lo bueno, pero la verdad es la misma: Dios es el padre de misericordia.
  2. Dios de toda consolación v. 3b. Quién no necesita una palabra de consuelo en esta vida. Las enfermedades, los infortunios, los desastres naturales, las carencias afectivas vista en la soledad, nos hacen seres necesitados de consuelo. Hay gente que pide a gritos un abrazo, una palabra de ánimo, una conversación para abrir su corazón y exponer la pena de su alma. Por todas estas razones es que este texto nos revela esta verdad maravillosa que contamos con el “Dios de toda consolación”. Dígame usted qué dios de este mundo podrá consolar un corazón que se derrama en llanto y en lágrimas con una gran impotencia frente a su desgracia, ¡ninguno! Pero los que hemos conocido al “Padre de nuestro Señor Jesucristo” sabemos que él es el único Dios, por ser una persona con sentimientos, que puede darnos consuelo.

 

LA CONSOLACIÓN ES PARA TODOS LOS MOMENTOS

  1. Consolarnos en cada tribulación v. 4. Cuánto fue su última tribulación. ¿Está pasando por alguna de ella? Nadie escapa a las tribulaciones de la vida. Ellas nos vienen en distintos paquetes y debemos estar preparados para cuando esto ocurra. Las aflicciones vienen a través de enfermedades, dificultades financieras, pérdida de un ser querido, un futuro inseguro, un accidente de auto. Pero también, y esto es algo muy importante, la aflicción se produce en el corazón, en ese lugar donde nos sentimos frustrados, confundidos y heridos. ¿Por qué tenemos aflicciones? Porque vivimos en un mundo caído. Así lo dijo Jesús: “En el mundo tendréis aflicción…”. Y también Santiago, su medio hermano, dijo esto: Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas…”(Stg. 1:2).

 

  1. Consolados por Dios v. 4c. Esto habla muy claro de dónde viene nuestra consolación. Hay muchos consoladores modernos. Algunos que sufren de trastornos mentales tienen sus consoladores en algún terapeuta y en una medicina. Los que padecen de enfermedades crónicas tienen su consolador en alguna medicina que le cambia su dolor. Y aunque la terapia o la medicina que da un médico es buena y necesaria, esta consolación no es la misma que da un médico a su paciente. No es la misma consolación que un amigo trae a otro amigo. Es la consolación de un Padre que engendró a un hijo a través de Cristo. Es una consolación personal porque es propicia para esa particular ocasión.

 

LA  CONSOLACIÓN TIENE UN GRAN PROPÓSITO

  1. Para consolar también a otros v. 4 b. Todo consolado se convierte en consolador. Esto es lo más importante de nuestras pruebas o tribulaciones. No solo somos refinados a través de ellas, sino que al final nos convertimos en ministros de consolación. La palabra griega “paraklaseo” tiene que ver con la idea de venir y ponerse al lado de otro, de apoyarlo en el dolor, de tener empatía de su condición. En cada uno de nosotros nace un ministerio después que pasamos por la escuela del dolor y el sufrimiento. La persona que ahora consuela en su nuevo ministerio es alguien que viene para ayudar a aquel que ha pecado contra Dios para ayudarlo a regresar a él a través de la restauración de su alma. Es alguien que viene a ti cuando sabe que tu alma ha sido herida, ofendida o tocada y trae bálsamo con sus palabras y te levanta. Es alguien que viene a darme esperanza cuando estoy desalentado.

 

LA  CONSOLACIÓN ES ABUNDANTE A TRAVÉS DE CRISTO

Abundancia de aflicción y consolación en Cristo v. 5. A veces no entendemos este texto. No queremos pasar por problemas, ni por enfermedades, ni por pruebas ni por ninguna tribulación. La verdad es que no queremos sufrir. Quién quiere sufrir acá. Pero el texto dice que en nosotros abundan las aflicciones de Cristo. La  es que verdad que todavía no hemos sufrido hasta la muerte, como le tocó vivir a Pablo, pero la realidad de las pruebas es esa. Quien quiera que se haga un seguidor de Cristo debe prepararse para esas aflicciones, y la noticia que le tengo es que son abundantes muchas veces.

Hay creyentes que no entienden porque son probados una y otra vez. Tome el ejemplo de los últimos huracanes. Ya en algunos lugares habían pasado los efectos de un primer huracán pero después vino uno que arrasó y la gente se quedó sin nada. Así son las aflicciones. Pero el texto me dice que si esto pasa yo tengo la consolación de mi amado Cristo. En Cristo abundan ambas cosas, la aflicción y la consolación. El Padre de toda consolación dejó que su Hijo amado padeciera para que nosotros supiéramos que no hay dolor que él no conozca ni consolación que él no de.

 

CONCLUSIÓN: El consuelo es algo que  nos  pertenece a todos los  cristianos. Naciste para ser consolado y para dar aliento. Perteneces a una comunidad donde esto debe ser la nota que más nos distinga. No tienes que vivir solo. No tienes que llorar en soledad. Tienes el cuerpo de Cristo para levantarte. Tienes la Palabra de Dios para enseñarte. Tú tienes el Espíritu Santo que mora en ti, que alienta tu alma porque él es consolador por excelencia. Ahora tienes   al Padre de toda misericordia y el Dios de toda consolación. No hay consuelo fuera de Dios.

 

Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251- 6590 o escríbale a pastorjulioruiz55@gmail.com

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