Reconciliación eterna

February 10, 2018

EL EVANGELIO EN MARCHA

Reconciliación eterna

Por: Rev. Ricardo Carrillo

PARTE II

 

RENUNCIA AL RESENTIMIENTO.

Renunciar al resentimiento, un filósofo alemán llamado Sheller, hablaba del resentimiento como una “intoxicación del alma”; porque tener resentimiento, no es otra que sentir otra vez, “re- sentir”. Hay un libro de Philips Yancey, se llama “Gracia Divina Versus condena humana” describe el resentimiento así: “El Resentimiento se aferra al pasado, lo vuelve a vivir una y otra vez, arranca las costras nuevas para que la herida nunca sane. Me aprisiona en el pasado y le impide la entrada a todo potencial para el cambio.” Philips Yancey.

Qué buena descripción de lo que es el resentimiento, él dice: que el resentimiento, nos aprieta, nos atrapa, nos tiene presos de aquellas cosas que estamos recreando una y otra vez en nuestras mentes.

 

RESENTIDOS POR UN JABÓN

El escritor, premio Nobel de literatura, “Gabriel García Márquez, escribió un libro que se llamó “el amor en los tiempos del cólera” hay una película de este libro. En este libro se cuenta la historia de Fermina Daza y Florentino Ariza, es una linda pareja que vive un gran amor juvenil, pero que por distintos problemas, de índole social, familiar, se separan, y termina Fermina Daza, casándose con el doctor Juvenal Urbina, según esta novela, el Doctor Urbina era un hombre respetado por toda la sociedad porque él había librado al pueblo de la enfermedad del cólera y en este libro de García Márquez, se relatan algunas escenas, de la vida conyugal, entre Fermina Daza y el doctor Urbina.

Dentro de todo el relato hay una parte muy interesante, donde surge una discusión acerca del jabón, permíteme leer un extracto de este libro: “Juvenal dice lo siguiente: hace como una semana que me estoy bañando sin jabón, entonces ella acabó de despertar, recordó y se revolvió de rabia contra el mundo, porque en efecto, había olvidado reponer el jabón en el baño, había notado la falta tres días antes, cuando estaba debajo de la regadera y pensó en reponerlo después, pero después lo olvido hasta el día siguiente, al tercer día le había ocurrido lo mismo, en realidad no había trascurrido una semana como él decía, para agravarle la culpa, si, tres días imperdonables y la furia de sentirse sorprendida en falta, acabó de sacarla de quicio, como siempre se defendió atacando.

Pues yo me he bañado todos estos días, gritó fuera de sí, y siempre ha habido jabón, aunque él conocía de sobra sus métodos de guerra, esa vez no pudo soportarlos. Y se fue a vivir con cualquier pretexto profesional en los cuartos del hospital de internos de la misericordia, y solo aparecía en la casa por la tarde para cambiarse de ropa, para las consultas a domicilio, ella se iba para la cocina cuando lo veía llegar, fingiendo hacer cualquier cosa y allí permanecía, hasta sentir en la calle, los pasos de los caballos del coche, cada vez que trataron de resolver la discordia, los tres meses siguientes, lo único que lograron fue atizarlo, él no estaba dispuesto a volver, mientras que ella no admitiera que no había jabón en el baño, y ella no estaba dispuesta a recibirlo, mientras que él no reconociera haber mentido a conciencia para atormentarla.

Un  jabón,… y cuando uno lee esto da risa, pero, tenemos que preguntarnos, ¿Cuántas veces, con cosas tan insignificantes empiezan problemas  de todo índole?, entre amigos, en la familia, en la iglesia y nos llenamos de resentimiento.

Déjame leerte la última parte, que es la más dramática de esta obra magistral de García Márquez: en estas siguientes frases logra describirnos lo que es el resentimiento: Si, el incidente (el jabón), por supuesto les dio oportunidad de evocar muchos otros pleitos minúsculos, de otros tantos amaneceres turbios, unos resentimientos revolvieron los otros, reabrieron cicatrices antiguas, las volvieron heridas nuevas y ambos se asustaron con la comprobación  desoladora de que en tantos años de vida conyugal, no habían hecho mucho más que pastorear rencores.

 

PASTOREAR RENCORES

¿No estaremos haciendo eso en nuestras vidas?, ¿En nuestras relaciones interpersonales?; Que tremendo es vivir pastoreando rencores. Porque el resentimiento te atrapa y recreas una y otra vez la falta, vuelves a sentir la ofensa, vuelves a sentir el dolor como si fuera hoy que eso sucedió.

¿Qué dice la Palabra de Dios? a cerca de este tema, leamos Hebreos 12: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”

Esta frase es interesante,  “Raíz de amargura” en el original la palabra amargura se puede traducir como, “veneno” Raíz de veneno, porque  así es el resentimiento, porque se vuelve una raíz de amargura en nuestras vidas, que nos amarga, que nos destruye, que nos envenena.

Pero luego que somos envenenados por el resentimiento, también envenenamos a los que nos rodean, porque dice que por ellos muchos serán contaminados, porque no tenemos la capacidad de dejar de trasmitir lo que somos, si estamos llenos de resentimientos y rencores vamos a trasmitirlos a los otros, por eso dice: Mirad no vaya ser que unos dejen de alcanzar la gracia, porque la gracia es lo contrario del resentimiento.

El resentimiento te aprisiona, te mantiene, no perdona, pero la gracia te perdona, te libera. No vaya haber raíces de amargura en sus corazones y muchos puedan ser contaminados. Cuántas familias han sido destruidas por el resentimiento, cuantas comunidades, cuantas iglesias han sido destruidas por el resentimiento.

 

LA OFRENDA

“Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. “Mateo 5:23-24 (NVI).

Este pasaje nos muestras el orden de nuestras prioridades. Lo primero; no es la ofrenda, lo primero no es la expresión de adoración a Dios, sino “la reconciliación” del oferente.

Lo primero es estar reconciliados con nuestros hermanos, porque tenemos que entender  que nuestra relación es vertical con Dios, esta vida de adoración, de consagración a Dios, no puede ser una vida que ignore nuestra relación horizontal, que es con nuestro prójimo.

Si yo pretendo vivir una relación vertical con mi Dios, ignorando mis conflictos interpersonales, me estoy engañando a mí mismo.

Porque así no funciona, por eso Dios dice: “deja allí tu ofrenda”, primero tienes que ir y reconciliarte, y esto nos obliga a tomar la primera acción. A ponerlo como una prioridad en nuestras vidas, no puedo ser pasivo y decir: que el venga primero, porque cuando se trata de ir a la persona a reconciliarnos con ella, siempre existen las excusas.

Estamos llenos de excusas, por ejemplo: – yo no tuve la culpa;- Él fue que empezó todo; – ¿yo he sido víctima y debo ir a él?; – Es injusto, es injusto.

Sabes mi hermano, el perdón, no es Justo, el perdón es gracia; esa es la gracia que Dios nos da, esa es la gracia que Dios ofrece y esa es la gracia que debemos transmitir a los demás; tenemos que ponerlo como prioridad en nuestras vidas, no podemos ir postergándola.

Y pretender vivir una vida espiritual, cuando en verdad tenemos conflictos interpersonales; la Palabra dice, ve primero y reconcíliate con tu hermano, luego vuelve y presenta tu ofrenda, luego vuelve y canta al Señor, luego vuelve y sigue sirviendo en el ministerio, luego vuelve y sigue adorando al Señor.

 

GESTOS DE  RECONCILIACION.

Y quiero mostrar esta parte con dos personajes bíblicos, el primero de ellos que nos muestras estos gestos de reconciliación, es Job: ¿Quién no conoce la historia de Job?, este hombre pasó por grandes penurias, perdió todo lo que tenía, todos sus hijos, perdió la salud, tenía una sarna desde la cabeza hasta los pies y de repente aparecen los tres amigos de Job, que lindos amigos, estos amigos en lugar de entenderle, lo juzgan y ellos le decían, todo esto que te ha venido es por tu culpa, seguro que tú estás en pecado, confiésalo.

A Job lo maltratan, le dan duro, uno por uno comienzan a darle consejos, que paciencia la de este hombre. Que lindos amigos, si tengo esa clase de amigos, ya no necesito tener enemigos. Pero al final del libro de Job, en el capítulo 42: 7-10 Dios le habla a Job, y le declara cosas de su corazón y de su situación personal y mira lo que dice Job:

“Después de haberle dicho todo esto a Job, el SEÑOR se dirigió a Elifaz de Temán y le dijo: «Estoy muy irritado contigo y con tus dos amigos porque, a diferencia de mi siervo Job, lo que ustedes han dicho de mí no es verdad. Tomen ahora siete toros y siete carneros, y vayan con mi siervo Job y ofrezcan un holocausto por ustedes mismos. Mi siervo Job orará por ustedes, y yo atenderé a su oración y no los haré quedar en vergüenza y conste que, a diferencia de mi siervo Job, lo que ustedes han dicho de mí no es verdad.»

Elifaz de Temán, Bildad de Súah y Zofar de Namat fueron y cumplieron con lo que el SEÑOR les había ordenado, y el SEÑOR atendió a la oración de Job.

Job obedeció, Job no se reveló, el no dijo: ¡Señor esto es injusto! Él no se llenó de resentimiento, el renunció al resentimiento, pero además hizo algo, oró “Después de haber orado Job por sus amigos, el SEÑOR lo hizo prosperar de nuevo y le dio dos veces más de lo que antes tenía.” Job 42:7-10 (NVI)

Esa es la misma enseñanza que encontramos en toda la Palabra de Dios, Cuando Jesús estaba en la tierra nos lo enseñó: “Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan.” Lucas 6:27-28 (NVI)

 

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