EL EVANGELIO EN MARCHA

Los cristianos se han convertido en un pueblo lejano a Dios: Benedicto XVI

  Los cristianos no tienen motivos para alardear, porque se han convertido en un pueblo “de incredulidad y lejano de Dios”, indicó el papa Benedicto XVI al abrir el Triduo Pascual con la Misa Crismal, en el día en que se celebra el Jueves Santo.

  Sólo hay que mirar al Occidente cristiano, donde ya no quieren conocer a Cristo, señaló el pontífice de 84 años, ante más de 10,000 personas que abarrotaron la basílica de San Pedro del Vaticano. Los cristianos no sólo deben llamarse cristianos, “sino serlo”, enfatizó.

  El obispo de Roma afirmó que cuando los cristianos hablan de sus tareas comunes, como bautizados, “no hay razón para alardear” y que ese es un asunto que “inquieta”.

  “¿Somos verdaderamente el santuario de Dios en el mundo y para el mundo? ¿Abrimos a los hombres el acceso a Dios o, por el contrario, se lo escondemos? Nosotros -el Pueblo de Dios- ¿acaso no nos hemos convertido en un pueblo de incredulidad y de lejanía de Dios?”, manifestó el papa.

  Benedicto XVI agregó: “¿No es verdad que el Occidente, que los países centrales del cristianismo están cansados de su fe y, aburridos de su propia historia y cultura, ya no quieren conocer la fe en Jesucristo?”.

  Por ello, dijo, hay motivos para implorar a Dios que no permita que su pueblo se convierta en “no pueblo“.

  “Haz que te reconozcamos de nuevo. Sí, nos has ungido con tu amor, has infundido tu espíritu santo sobre nosotros. Haz que la fuerza de tu Espíritu se haga nuevamente eficaz en nosotros, para que demos testimonio de tu mensaje con alegría”, señaló el pontífice.

  Aseguró que a pesar de “toda la vergüenza por nuestros errores“, no debemos olvidar que también existen ejemplos luminosos de fe, que también hay personas que, mediante su fe y su amor, dan esperanza al mundo.

  Entre ellas citó a su antecesor, Juan Pablo II, al que beatificará el próximo 1 de mayo y del que dijo fue un gran testigo de Dios y de Jesucristo en nuestro tiempo, un hombre lleno del Espíritu Santo.

No Quiero ser Tropiezo

  Pero hay muchos pequeñitos en el sentido de indefensos, no tomados en cuenta por otros o que se sienten aislados de los demás.

  Yo, hoy no puedo ignorarlos y menos aún hacerlos tropezar. No tendré excusa si usando mis capacidades que Dios me ha dado los ignoro o los menosprecio.

  Ellos levantarán su mirada esperando recibir de mi mano un gesto de buena voluntad. Hoy, Dios me pondrá en mi camino muchos pequeñitos… Algunos serán niños abandonados por sus padres y hundidos en su temprana edad en el mundo de los vicios, otros serán ancianos que sus cercanos los miran como estorbos, quizá algunas mujeres golpeadas por sus esposos y explotadas por la sociedad y yo, no puedo ni ignorarlos ni menospreciarlos y menos ultrajarlos. Por que esos pequeñitos; no son pequeñitos a los ojos del creador. Son sus criaturas amadas y buscadas con cariño y paciencia.

  ¿Cómo podré seguir mi camino sin mirarles ni tenderles una mano? Estos pequeñitos creen en el Señor y esperan recibir la demostración de su amor y El me ha puesto en su camino para demostrarles la clase de amor que Dios tiene para cada uno de ellos.

  ¿Cuantos de estos pequeñitos que encontraré a mi paso necesitan una palabra y gesto de consolación? Entonces ahora viene a mi mente la expresión del apóstol Pablo cuando dijo: El Dios de toda consolación; nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios” Esa consolación es permanente, buena y total y hoy puedo ser el canal para tocar con la Consolación de él; el corazón de los pequeñitos.

  Señor: Una piedra de molino en mi cuello pesaría demasiado y me quitaría la oportunidad de seguir viviendo para bendición de otros y una piedra de molino en el cuello es la recompensa para mi si continuo mi camino con sarcasmo e ironía, sin tomar en cuenta las lágrimas que corren por las mejillas de los pequeñitos.

  Hoy, Señor, ayúdame a caminar en tu consolación para poder consolar a los pequeñitos que se atraviesen en mi camino. Oh, Padre, tu haz tenido misericordia de mi como un pequeñito y ¿que esperas de mi? Que yo transmita esa misericordia a otros pequeñitos también. Amen (Por: Serafín Contreras Galeano)

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