Siendo rico se hizo pobre

December 10, 2011

EL EVANGELIO EN MARCHA

MENSAJES CON MOTIVO DE LA NAVIDAD

 

Siendo rico se hizo pobre

(2 CORINTIOS 8:10)

Por: Rev. Julio Ruiz, pastor Iglesia Bautista Hispana ColumbiaFalls  Church

 

INTRODUCCIÓN: Según la revista “Forbes”, la que se encarga de calificar a los más grandes millonarios del mundo, entre los 10 hombres y mujeres más ricos, está el mexicano Carlos Slim Helú con la módica suma de 74 mil millones de dólares, seguido del magnate Bill Gate con la cantidad de 56 mil millones de dólares, quien fue desplazado por el mexicano debido a que donó el 30% de su fortuna a obras filantrópicas. Sin embargo, lo que esta revista “Forbes” no sabe, y por supuesto no lo publica, es que nosotros tenemos a nuestro “hermano mayor” que es más rico que todos estos puestos juntos. ¿De quién hablamos? Pues nada menos que de nuestro Señor Jesucristo. El texto que estamos usando hoy nos dice que él es rico. Y el que quiera igualarlo en sus riquezas tendrá que hacer lo que él es y lo que él ha hecho. Así que, mientras el magnate mexicano es dueño de las principales empresas mexicanas, y que cotiza en las bolsas de valores; y mientras Bill Gate es dueño del gran emporio “Microsoft”, nuestro Señor Jesucristo es dueño de todo lo que vemos y de lo que no vemos. ¡Qué les parece! Sí, amados hermanos, nuestro Señor no podrá ser comparado en su riqueza simplemente porque él mismo es Dios, y “todo fue creado por él y para él, y todas las cosas en él subsisten”. Al hablar de él como el ser más rico el profeta Isaías lo ha calificado como: “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Is. 9:6). ¿Habrá alguien en la tierra que posea esas cualidades tan ricas? Pero lo paradójico del texto que usamos para hoy es que él “siendo rico se hizo pobre”. ¿Con qué propósito? “Para que nosotros en su pobreza fueseis enriquecidos”. Mis amados hermanos, estamos en presencia de un texto inagotable en su contenido. Es un texto que encarna el corazón del evangelio mismo. Pablo lo trajo porque tenía urgencia de animar a la iglesia de los Corintios a la bendición de la liberalidad. Hablaba a una iglesia que había sido enriquecida en todo, con todo tipo de dones, pero ahora el apóstol apela a desarrollar el don de la generosidad por el medio del más grande ejemplo de dar: el de nuestro Señor Jesucristo. Descubramos la grandeza inagotable de este texto cuando hablamos de la encarnación de Cristo. Veamos lo que un solo texto nos revela sobre él.

I. ESTE TEXTO NOS DICE QUE LA ENCARNACIÓN DE JESÚS HA SIDO UN ACTO DE LA EXCLUSIVA GRACIA DIVINA

1. Una llegada por pura gracia. La encarnación es lo que Pablo llama “pura gracia”. El apóstol Juan previamente lo había expresado así: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14). Si alguien sabía cuánta gracia había en Jesús era Juan, el discípulo amado. Este acto de gracia significa que Jesús no estaba obligado a hacer nada. Ninguno de nosotros merecía que viniera de su parte. ¿Qué méritos había en nosotros para que él descendiera como el salvador de nuestras vidas? Lo de él fue un acto de misericordia inmerecida. Si no habíamos entendido “el de tal manera amó Dios al mundo”, hay que leer esta frase: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo...”.  Ningún tema es más importante y trascendente en la Biblia como la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Nuestra condición de pecadores nos hacía cada vez más hijos de ira y enfilados a una eternidad sin esperanza. Sin embargo, fue allí donde intervino la gracia de la que nos ocupados hoy, porque “Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8). La gracia simplemente es inexplicable.

 

II. ESTE TEXTO NOS INFORMA LA RAZÓN PRINCIPAL POR LA QUE EL SEÑOR SE HIZO POBRE EN SU ENCARNACIÓN

1. Todo por nosotros. El texto nos dice “por amor a vosotros…”. Jesús encarna la más inigualable actitud de desprendimiento  a favor de otros. ¿Cómo entender las dimensiones de ese desprendimiento? La corona de espinas que pusieron los burladores soldados sobre su inocente cabeza no fue por causa de él sino por amor a nosotros. La saliva sucia y contaminada que salió de la boca de alguien del enloquecido populacho no fue por causa de él, sino por amor a nosotros. ¿Qué más decir? Su joven espalda fue abierta hasta ver surcos llenos de sangre, por el cruel azote a la mejor manera de un malhechor no fue por causa de él, sino por amor a nosotros. Pero eso no fue todo. Los clavos que perforaron sus santas manos y sus santos pies no fue por él, porque fue declarado inocente, sino por amor a nosotros. Y, ¿qué más decir? Las burlas de la multitud que reclamaba que bajara de la cruz para creer en él no fueron por él mismo, sino por amor a nosotros. Sí, amado hermano, nada de lo que él vivió y después sufrió fue por él mismo, sino por nosotros. Todo, absolutamente todo, fue hecho por amor a nosotros.

III.ESTE TEXTO NOS REVELA QUE EL SEÑOR  ERA ABSOLUTAMENTE RICO ANTES DE SU ENCARNACIÓN

1.Él es rico por naturaleza propia. ¿Quién era Jesús antes de encarnarse? ¡Era Dios! Él es la segunda persona de la Trinidad. ¿Quién ha podido igualarlo en riquezas? Solo el Padre y el Espíritu Santo. Las tres personas de la Trinidad tienen una gloria compartida. Antes que Jesús muriera por amor a nosotros hizo su inigualable “Oración Intercesora” de Juan 17, donde le pidió al Padre que le glorificara “con aquella gloria que tuve contigo, antes que el mundo fuese”. Esto nos muestra que la gloria de Dios, de donde procedió el Hijo eterno, simplemente no puede ser comparada con los cielos de los cielos.

2.Él es rico por derecho propio. El texto nos dice que primero él fue rico, pero que luego se hizo pobre. Por supuesto que cuando hablamos de las riquezas de Jesucristo, en este pensamiento, no hablamos de una comparación con las riquezas terrenales y temporales. No estamos hablando de un accionista que gana y pierde en las bolsas de valores, o que es poseedor de emporios económicos para que aparezca en la clasificación de los millonarios. Claro que no es esa riqueza a la que nos referimos. Él es rico por  derecho propio. ¿Quién creó los cielos y la tierra? Mire la respuesta de Colosenses 1:16. Los millones de los millonarios le pertenecen a él. Pero además de ser rico, porque todo lo que existe le pertenece por derecho propio y que no lo tomó de otro creador, él también es rico en servicio. ¿Sabe usted cuántos ángeles le sirven día y noche? Él es rico también en honor. Ningún trono terrenal, ni siquiera el de Salomón con toda su esplendidez, ha podido superar el honor que ahora a Jesús le pertenece. Nadie más será exaltado por los siglos de los siglos como él. Al final de los siglos, todo la nueva creación, entre lo que se encontrará la novia del Cordero, se unirá para traerle al Señor el honor que nadie más merece. Pero hay una riqueza que supera las demás anteriores. Jesús posee por derecho propio la riqueza del amor del Padre. En tres ocasiones una voz del cielo vino, diciendo: “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia” (Mt. 3:17). ¿Quién puede superarle en su riqueza?

IV. ESTE TEXTO FINALMENTE NOS DECLARA QUE LA POBREZA DEL CRISTO ENCARNADO AHORA ES LA GARANTÍA DE NUESTRA RIQUEZA

1. “Siendo rico se hizo pobre”. Este es el corazón de este mensaje. Aun cuando es cierto que Jesús fue y es rico, la Biblia nos dice que él se hizo pobre por amor a todos nosotros. Debe aclararse que el texto no dice que fue hecho pobre, sino que se “hizo pobre”. Por cierto que lo que hasta ahora sabemos es que los pobres se hacen ricos, pero casi nunca hemos sabido que un rico haciéndose pobre. Nadie en esta vida toma el camino de la pobreza que tomó el Señor por amor a nosotros. Así que el Señor no se declaró en bancarrota por una situación económica repentina. Él se hizo voluntariamente pobre. Jesús nació de padres muy humildes, por lo tanto no fue el hijo de algún príncipe o un magnate. Su nacimiento no pudo ser más pobre, pues un modesto pesebre fue su cuna y  por techo las estrellas del cielo. Su profesión de carpintero fue de gente pobre. Al momento de nacer, y por la envidia del malvado Herodes, se convirtió en un exiliado en Egipto. Los que han experimentado las penurias de ser un inmigrante deben entender la pobreza de Jesús. Así que estamos contentos si apenas podemos tener una casa donde vivir. El que fue dueño del mundo no tuvo donde recostar su cabeza. Curiosamente cuando creció comenzó a usar una túnica, la cual era sin costura, de un “solo tejido de arriba”, con la cual manifestaba que su oficio era el de un obrero. Por cierto, los modernos predicadores de la prosperidad han dicho que esa túnica era muy cara y por lo tanto Jesús era rico. Nada más lejos de la verdad e insulto a su majestad. Él se hizo pobre por amor a nosotros.

 

2. Para que nosotros fuéramos enriquecidos. Este es el resultado de este exclusivo pasaje de las Escrituras. Jesús nació en una cuna de palos y paja, para que nazcamos del Espíritu. Fue presentado ante el sacerdote con palominos, debido a su misma pobreza, para que nosotros seamos presentados delante del Padre celestial. Su trabajo fue el de un carpintero en casas humildes, para que nuestro cuerpo sea ahora la casa del Espíritu Santo. Caminó por los caminos polvorientos de Jerusalén, para que nosotros caminemos por las calles de la Nueva Jerusalén. Su ministerio se hizo entre los más sufridos y desposeídos, para que nosotros tengamos la esperanza de una vida nueva. Se enfrentó a la cruz y no descendió de ella, para que nosotros tengamos el perdón de nuestros pecados. Fue contado entre malhechores, para que nosotros seamos contados entre los santos del cielo. Sufrió los más inenarrables dolores de la cruz, para que nosotros no sufriéramos el castigo eterno. En fin, ahora nosotros gozamos de la más grande riqueza por medio de la pobreza a la que él fue sometido. Y, ¿cuál es la riqueza que contamos ahora? La riqueza de la regeneración en el pasado, pues ahora somos salvos; la riqueza de la  santidad en el presente, pues ahora tenemos comunión con él; y muy pronto, la riqueza de la glorificación, porque le veremos cara a cara. De esta manera hemos sido enriquecidos. ¿Tiene esta riqueza?

CONCLUSIÓN: El mensaje final de este texto es que nuestro Señor vino a la tierra no para hacer alguna fortuna, porque él “siendo rico se hizo pobre”. Él no vino para hacer riquezas porque él es dueño de todo. Así que ninguno de nosotros dejará menos que lo que él dejó. Nadie podrá igualarle en riqueza y nadie podrá igualarle en su pobreza. De modo que el gran propósito de su encarnación, que ha sido el más grande acto de “pura gracia”, es para mostrarnos que la verdadera riqueza no está en la tierra, sino en el cielo. De allí que él haya dicho: “No os hagáis tesoros en la tierra… sino haceos tesoros en el cielo… Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt. 6:19-21). ¿Dónde tiene usted su corazón? Si lo que usted es y hace, solo es para la tierra, no ha entendido por qué el Señor siendo rico se hizo pobre. Tomemos el ejemplo de nuestro Señor. No viva para lo temporal. Invierta en lo que será eterno.

 

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