EL EVANGELIO EN MARCHA

El evangelio remodela la paternidad al llamar a los padres a ser discipuladores

 

Por: Timothy Paul Jones

  ¿Qué pasa cuando los padres empiezan a ver sus hijos como potenciales o actuales hermanos en Cristo? Los escritos de Pablo nos proveen una pista. El mismo apóstol, quien llamó a Timoteo para que anime creyentes más jóvenes como hermanos y hermanas cristianos, también le encomendó que los padres nutran a sus hijos “… en la disciplina e instrucción del Señor” (Ef. 6:4; vea también Col. 3:21).

En otras cartas, Pablo aplica estos mismos dos términos—disciplina e instrucción—para ciertos patrones que caracterizan las relaciones de discipulado entre hermanos y hermanas en Cristo. La disciplina describe el resultado de ser entrenado en la Palabra de Dios (2 Tim. 3:16). Instrucción implica amonestación y guía para evitar comportamientos no sabios y enseñanzas impías (1 Cor. 10:11; Tito 3:10).

A la luz de estos textos, el mandamiento de Pablo de criar a los hijos “en la disciplina e instrucción” de Cristo sugiere que Pablo estaba llamando a los padres—y particularmente a los papás—a hacer mucho más allá que solo dirigir los comportamientos de sus hijos y proveer para sus necesidades. Como creyentes en Jesucristo, estamos llamados a relacionarnos con nuestros hijos tal como lo haríamos con no-creyentes en el mundo o creyentes jóvenes en nuestra iglesia, hablándoles el evangelio y entrenándoles en los caminos de Cristo (Mt. 28:18-20).

La creación de Dios y la caída de la humanidad han ubicado a los padres como proveedores y disciplinadores. A través del evangelio, los padres cristianos han sido también llamados a ser discipuladores.

Este proceso de discipulado paterno es posible que luzca diferente en cada hogar. En mi hogar, esto significa un devocional familiar cada tarde del domingo, entrelazado con oraciones diarias y tiempos de discipulado familiar con cada uno de nuestros hijos. En otro hogar, podría ser un devocional nocturno familiar diario combinado con tiempos de conversación después de ir al cine o a un evento deportivo.

Y aún en otras familias, podría tomar la forma de canciones y textos memorizados en el auto durante los viajes diarios. La manera precisa en que tú discipulas a tus hijos es negociable; la práctica misma no lo es. ¡Esto no es sugerir, por supuesto, que los padres cristianos deberían ser los únicos instructores bíblicos de sus hijos! Después de todo, la Gran Comisión de hacer discípulos fue dada a toda la iglesia como un llamado a alcanzar al mundo entero, incluyendo los niños (Mt. 28:19). Prácticas consistentes de discipulado deberían, sin embargo, caracterizar las prioridades de los padres en cada hogar cristiano.

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