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Mazda sigue concentrado esfuerzos en su gama de todocaminos, ya sea a este o al otro lado del océano. En el Salón de Los Ángeles ha sido el marco elegido para la puesta de largo de la segunda generación del CX-9, el buque insignia de Mazda con sus 5,06 metros y sus tres filas de asientos.

Con esta talla (en concreto 5,065 metros) tiene el tamaño ideal para los conductores americanos, pero se nos hace demasiado grande a los europeos, de ahí que ni la primera ni esta segunda entrega se vayan a comercializar en nuestro continente. Tampoco es la mejor opción el motor 2.5 turbo Skyactiv-G de gasolina de 250 CV (el primer propulsor SKYACTIV-G sobrealimentado) por mucho que haya reducido su consumo en un 20% respecto a la generación anterior.

Pero para los americanos es perfecto, sobre todo porque su cifra de par es sobresaliente: 420 Nm ya desde 2.000 rpm. Técnicamente, además, es interesante ya que incorpora el primer turbo que modifica la cantidad de gases de escape que utiliza dependiendo del régimen de giro del motor. Va asociado, como no podía ser de otro modo en el mercado americano, a una caja de cambios automática de seis relaciones.

Como buen buque insignia lleva implícita una potente carga tecnológica a todos los niveles y se plasma en varios detalles. Por ejemplo, en la construcción ligera (se ha reducido el peso en 90 kilos respecto al anterior CX-9), en la insonorización del interior (un 12% menos) y, por supuesto, en la seguridad: el i-Activesense incluye control de crucero activo, sensor de ángulo muerto y cambio involuntario de carril, frenada de emergencia en ciudad, luces largas inteligentes. (Con datos de El Mundo)

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